Oda

Características y estructura de una oda

Una Oda es un tipo de poema lírico. La Oda es reconocida como una de las composiciones primordiales de este tipo de texto, siendo una de sus principales características la presencia de un hablante lírico que manifiesta admiración o elogia efusivamente un objeto lírico determinado.

Se trata de la exaltación de una persona, cosa o idea. Para conseguir este efecto, el hablante lírico presenta el mundo desde una actitud apostrófica. 

En general se aplica a todo poema destinado a ser cantado. Se utiliza también para hacer alabanzas a cualidades que poseen personas u objetos que el poeta quiere destacar positivamente.

Tipos de odas

Antiguamente, se acostumbraba a presentar odas en un marco musical en el cual se tocaban instrumentos para acompañar al encargado de cantarlas. En ese entonces, se distinguía entre una oda de carácter coral y aquellas desarrolladas a una única voz bajo el formato de monodia.

Hay dos formas de clasificar la oda:

Segun su estructura y estilo se clasifican en tres tipos:

  • Pindárica: Odas clásicas griegas de rima regular llamadas así en honor al poeta Píndaro.
  • Horaciana: Odas romanas de rima regular y de tono más íntimo llamadas así en honor a Horacio.
  • Inglesas o románticas: Odas de rima irregular escritas por poetas ingleses durante el siglo XVIII. En ellas se combinan las dos anteriores con nuevas ideas y tonos más emotivos y personales.

Segun los temas se dividen en cuatro tipos:

  • Sagrada: si en ésta lo que predomina es la alabanza religiosa, la celebración a los dioses.
  • Filosóficas o morales: sus temas son acerca de la existencia, el ser humano, los valores, etc.
  • Heroicas: si tratan acerca de las hazañas de héroes.
  • Anacreónticas o eróticas: éstas hablan acerca del amor. El nombre se debe a que el poeta griego Anacreonte fue su creador.

En la actualidad, la clasificación de los tipos de odas giran más en torno al contenido y es por ello que puede ser religiosa, heroica, filosófica o amorosa, según el tema que se cante.

Ejemplos de odas

Oda a un ruiseñor de John Keats

Me duele el corazón y aqueja un soñoliento
torpor a mis sentidos, cual si hubiera bebido
cicuta o apurado algún fuerte narcótico
ahora mismo, y me hundiese en el Leteo:
no porque sienta envidia de tu sino feliz,
sino por excesiva ventura en tu ventura,
tú que, Dríada alada de los árboles,
en alguna maraña melodiosa
de los verdes hayales y las sombras sin cuento,
a plena voz le cantas al estío.

¡Oh! ¡Quién me diera un sorbo de vino, largo tiempo
refrescado en la tierra profunda,
sabiendo a Flora y a los campos verdes,
a danza y canción provenzal y a soleada alegría!
¡Quién un vaso me diera del Sur cálido,
colmado de hipocrás rosado y verdadero,
con bullir en su borde de enlazadas burbujas
y mi boca de púrpura teñida;
beber y, sin ser visto, abandonar el mundo
y perderme contigo en las sombras del bosque!

A lo lejos perderme, disiparme, olvidar
lo que entre ramas no supiste nunca:
la fatiga, la fiebre y el enojo de donde,
uno a otro, los hombres, en su gemir, se escuchan,
y sacude el temblor postreras canas tristes;
donde la juventud, flaca y pálida, muere;
donde, sólo al pensar, nos llenan la tristeza
y esas desesperanzas con párpados de plomo;
donde sus ojos claros no guarda la hermosura
sin que, ya al otro día, los nuble un amor nuevo.

¡Perderme lejos, lejos! Pues volaré contigo,
no en el carro de Baco y con sus leopardos,
sino en las invisibles alas de la Poesía,
aunque la mente obtusa vacile y se detenga.
¡Contigo ya! Tierna es la noche
y tal vez en su trono esté la Luna Reina
y, en torno, aquel enjambre de estrellas, de sus Hadas;
pero aquí no hay más luces
que las que exhala el cielo con sus brisas, por ramas
sombrías y senderos serpenteantes, musgosos.

Entre sombras escucho; y si yo tantas veces
casi me enamoré de la apacible Muerte
y le di dulces nombres en versos pensativos,
para que se llevara por los aires mi aliento
tranquilo; más que nunca morir parece amable,
extinguirse sin pena, a medianoche,
en tanto tú derramas toda el alma
en ese arrobamiento.
Cantarías aún, mas ya no te oiría:
para tu canto fúnebre sería tierra y hierba.

Pero tú no naciste para la muerte, ¡oh, pájaro inmortal!
No habrá gentes hambrientas que te humillen;
la voz que oigo esta noche pasajera, fue oída
por el emperador, antaño, y por el rústico;
tal vez el mismo canto llegó al corazón triste
de Ruth, cuando, sintiendo nostalgia de su tierra,
por las extrañas mieses se detuvo, llorando;
el mismo que hechizara a menudo los mágicos
ventanales, abiertos sobre espumas de mares
azarosos, en tierras de hadas y de olvido.

¡De olvido! Esa palabra, como campana, dobla
y me aleja de ti, hacia mis soledades.
¡Adiós! La fantasía no alucina tan bien
como la fama reza, elfo de engaño.
¡Adiós, adiós! Doliente, ya tu himno se apaga
más allá de esos prados, sobre el callado arroyo,
por encima del monte, y luego se sepulta
entre avenidas del vecino valle.
¿Era visión o sueño?
Se fue ya aquella música. ¿Despierto? ¿Estoy dormido?

John Keats

Oda a mis amigos

Oda a una Palomas de Nicador Parra

Qué divertidas son
Estas palomas que se burlan de todo
Con sus pequeñas plumas de colores
Y sus enormes vientres redondos.
Pasan del comedor a la cocina
Como hojas que dispersa el otoño
Y en el jardín se instalan a comer
Moscas, de todo un poco,
Picotean las piedras amarillas
O se paran en el lomo del toro:
Más ridículas son que una escopeta
O que una rosa llena de piojos.
Sus estudiados vuelos, sin embargo,
Hipnotizan a mancos y cojos
Que creen ver en ellas
La explicación de este mundo y el otro.
Aunque no hay que confiarse porque tienen
El olfato del zorro,
La inteligencia fría del reptil
Y la experiencia larga del loro.
Más hipnóticas son que el profesor
Y que el abad que se cae de gordo.
Pero al menor descuido se abalanzan
Como bomberos locos,
Entran por la ventana al edificio
Y se apoderan de la caja de fondos.

A ver si alguna vez
Nos agrupamos realmente todos
Y nos ponemos firmes
Como gallinas que defienden sus pollos.

Nicador Parra

Odas de Pablo Neruda

Oda al amor

Amor, hagamos cuentas.
A mi edad
no es posible
engañar o engañarnos.
Fui ladrón de caminos,
tal vez,
no me arrepiento.
Un minuto profundo,
una magnolia rota
por mis dientes
y la luz de la luna
celestina.
Muy bien, pero, el balance?
La soledad mantuvo
su red entretejida
de fríos jazmineros
y entonces
la que llegó a mis brazos
fue la reina rosada
de las islas.
Amor,
con una gota,
aunque caiga
durante toda y toda
la nocturna
primavera
no se forma el océano
y me quedé desnudo,
solitario, esperando.

Pero, he aquí que aquella
que pasó por mis brazos
como una ola
aquella
que sólo fue un sabor
de fruta vespertina,
de pronto
parpadeó como estrella,
ardió como paloma
y la encontré en mi piel
desenlazándose
como la cabellera de una hoguera.
Amor, desde aquel día
todo fue más sencillo.
Obedecí las órdenes
que mi olvidado corazón me daba
y apreté su cintura
y reclamé su boca
con todo el poderío
de mis besos,
como un rey que arrebata
con un ejército desesperado
una pequeña torre donde crece
la azucena salvaje de su infancia.
Por eso, Amor, yo creo
que enmarañado y duro
puede ser tu camino,
pero que vuelves
de tu cacería
y cuando enciendes
otra vez el fuego,
como el pan en la mesa,
así, con sencillez,
debe estar lo que amamos.
Amor, eso me diste.
Cuando por vez primera
ella llegó a mis brazos
pasó como las aguas
en una despeñada primavera.
Hoy
la recojo.
Son angostas mis manos pequeñas
las cuencas de mis ojos
para que ellas reciban
su tesoro,
la cascada
de interminable luz, el hilo de oro,
el pan de su fragancia
que son sencillamente, Amor, mi vida.

Pablo Neruda

Oda al día feliz

Esta vez dejadme
ser feliz,
nada ha pasado a nadie,
no estoy en parte alguna,
sucede solamente
que soy feliz
por los cuatro costados
del corazón, andando,
durmiendo o escribiendo.
Qué voy a hacerle, soy
feliz.
Soy más innumerable
que el pasto
en las praderas,
siento la piel como un árbol rugoso
y el agua abajo,
los pájaros arriba,
el mar como un anillo
en mi cintura,
hecha de pan y piedra la tierra
el aire canta como una guitarra.

Tú a mi lado en la arena
eres arena,
tú cantas y eres canto,
el mundo
es hoy mi alma,
canto y arena,
el mundo
es hoy tu boca,
dejadme
en tu boca y en la arena
ser feliz,
ser feliz porque si, porque respiro
y porque tú respiras,
ser feliz porque toco
tu rodilla
y es como si tocara
la piel azul del cielo
y su frescura.

Hoy dejadme
a mí solo
ser feliz,
con todos o sin todos,
ser feliz
con el pasto
y la arena,
ser feliz
con el aire y la tierra,
ser feliz,
contigo, con tu boca,
ser feliz.

Pablo Neruda

Odas al chocolate

Oda al Chocolate

Tu, dulce sagrado
con tu vestido de aluminio,
dulce como caramelo
mis dientes sufren al sentirte,
pero yo te digo entra a mi boca, por favor.

Tu roce en mis dientes, es un alivio
y mi lengua a la luna va con tu sabor.
Tu sentir en mi estomago me hace querer más,
pero mis dientes se mueren cada vez más.

Adiós chocolate, ya no te quiero mas
a mis dientes les hago caso, para que no sufran mas.

Oda al Chocolate

¡Ay Chocolate!
cómplice de los enamorados
y consuelo de los traicionados;
Amor platónico de las figuras light.

Con una probada
te vuelves el frenesí
la droga del adicto.

Te derrites en la boca
despacio y lentamente
como se derrite la nieve,
cuando llega el verano.

Y como siempre en la vida
esos momentos de alegría
y satisfacción que provocas
queda en un muy bello
pero pequeño recuerdo.

Haces que te veneremos
y que te amemos,
haciendo que cada vez que te probamos
y te terminamos espesemos casi
inmediatamente a desear
y a añorar con ansias
probarte de nuevo.

Oda al chocolate

Sin raza,
negro o blanco.
En polvo o a la taza,
de maestros y artesanos.
¡Chocolatero!

Sin género,
masculino y femenina.
Gay o hetero,
Bombón o chocolatina.
¡Fiestero!

Solo o acompañado,
con churros o con porras,
a veces especiado.
Apetece a todas horas.
¡Compañero!

Regalo para golosos,
amantes y enamorados.
Para encuentros amorosos,
fino y delicado.
¡Zalamero!

En tableta o de cobertura,
con almendras o caramelo.
Al bollo le da dulzura,
y a la tarta le viene al pelo.
¡Repostero!

Agasajo al visitante
cual “chocolate del loro”.
En la merienda del infante
de aquellos tiempos que añoro.
¡Refranero!

De otros placeres sustitutivo,
dulce o amargado.
Afrodisiaco y adictivo,
en virutas o modelado.
¡Placentero!

Chocolatero, fiestero,
compañero, zalamero,
repostero y refranero.
Pero siempre….placentero!