Poemas para maestros

El colegio es nuestro segundo hogar, y los maestros, nuestros segundos padres. Ellos nos enseñan todo lo necesario para salir adelante académicamente, además de muchos valores que aprendemos a lo largo de los años de enseñanza. 

Con estos hermosos poemas para maestros, dile a tu profesor o profesora lo mucho que estás agradecido por todos los años y las enseñanzas que impartieron en ti. Encuentra el poema ideal para el día del maestro.

Poemas para maestros de agradecimiento 

Ser maestro

Cada maestra de nuestro planeta
es mujer valerosa y aguerrida,
ellas hacen la patria más completa,
ellas son luz y amor para la vida.

Ser maestro es misión de gente noble,
es ser un portador de la alegría,
sembrador de valores en los hombres,
buscador de la paz todos los días.

Como Jesús allá en la Galilea
tu palabra, maestro, centellea
aniquilando al miedo y la ignorancia.

Tu palabra, maestro, es una tea
partera del saber y de la idea
que muéstranos caminos de esperanzas.

Anónimo

Maestra amiga

Un despertar distinto, aquella mañana fría
Tu rostro ante nosotros se mostró
Como aquella rebosante flor
Que luego de la lluvia, cayó.

Tu triste mirada se escondió
En el fondo de aquel pizarrón
Pero tu corazón no pudo más
Y de tus ojos una lágrima brotó.

De aquella inocente niña entonces
Un regalo recibiste
Y su insólita carta leías
Mientras ella con inocencia te veía.

En tu rostro una sonrisa
Entonces se dibujó
Y aquella paloma blanca
Dentro de tu corazón voló.

Los números en recuerdos se habían convertido
Aquella materia una nueva historia llegó a ser
Y en aquella solitaria aula
Dos nuevas amigas se empezaban a conocer.

Tus enseñanzas fueron muchas
Pero más lo fueron los bellos recuerdos
Y aquella niña a la que un día regañaste
A Dios agradeció por haber encontrado
Una maestra así como tú….

¡Mi maestra amiga!

Anónimo

Poemas para maestros que se jubilan

Poemas para el dia del maestro largos

Poema al maestro

Viviendo entre otras vidas, olvida su propia vida,
destruyendo las tinieblas de la ignorancia gana su guerra,
su mayor paga son las respuestas de sus alumnos,
reír con ellos es su mayor goce.

Aunque triste esté, sonriente se le ve
la imagen más perfecta de comprensión y amor.
Su tiempo lo regaló y nunca lo discutió.
Unos lo quisieron, otros lo olvidaron
Más él siempre los quiso a todos.

Ahora, lento camina, el viento lo vence
y su voz ya no luce galante como cuando les leía.
Sentado esta, mirando el cielo, sus ojos se cierran,
su mano cae y deja libre una hoja de papel.
La ultima nota escrita, el viento la entona
y la impulsa sobre la corriente de un río.

Me llevo el gran triunfo de saber que ustedes,
mis hijos, mis alumnos queridos,
representan en cada gesto, en cada andar, en cada vibración
pedazos de mí espíritu
que ahora ya son hombres seguros,
con ideales firmes y honestos.

Si algunos se pierden en esta rueda que es la vida,
volveré en la frase de un amigo, en la mirada de un niño,
en el entrecejo de un padre, o la caricia de una madre,
y te haré recordar, cual es tú ‘camino’.

Henry Binerfa Castellanos

Poema al maestro de Pablo Neruda