Romance

¿Qué es el romance literario?

El romance es un subgénero lírico español, son poemas épicos o épico-líricos, compuestos originariamente para ser cantados o recitados al son de un instrumento, transmitiéndose oralmente entre generaciones para que la gente recordara hechos importantes de su comunidad. Están formados por un número indefinido de versos octosílabos (ocho sílabas) cada uno, en los que los pares poseen una rima asonante (riman las palabras que coinciden en las vocales acentuadas de cada sílaba a partir de la última vocal tónica, “entiendo” “soberbio”), mientras que los impares carecen de ella.

Origen del romance lirico

Los romances más viejos proceden de ciertos fragmentos de los antiguos cantares de gesta a finales del siglo XIV y XV principalmente, provenientes de la literatura popular, eran atractivos para el pueblo, siendo retenidos en la memoria y después de cierto tiempo, eran cantados con ciertas transformaciones siendo transmitidos de manera oral a las demás generaciones. Todos los romances viejos son anónimos y son influenciados en gran manera por la religión, la guerra y el amor.

El romance, se populariza en el siglo XV, en donde se recogen por primera vez por escrito en colecciones denominadas romanceros. Estos poemas narrativos contienen una gran variedad temática, según el gusto popular del momento y de cada lugar.

A partir del siglo XVI hasta finales del XVII, muchos poetas cultos compusieron también romances, a los que se les da el nombre de romances nuevos o artísticos que amplían y renuevan el contenido temático y los recursos formales. Durante el Romanticismo y en el siglo XX se conocerá una nueva floración de este tipo de romances cultos – Duque de Rivas, Zorrilla, Antonio Machado, Unamuno, Gerardo Diego, García Lorca, Alberti.

Ejemplos de romances literarios

En dos lucientes estrellas

En dos lucientes estrellas,
y estrellas de rayos negros,
dividido he visto el sol
en breve espacio de cielo;
el luciente oficio hacen,
de las estrellas de Venus,
las mañanas, como el alba,
las noches, como el lucero.
Las formas perfilan de oro,
milagrosamente haciendo,
no las bellezas, obscuras,
sino los obscuros, bellos;
cuyos rayos para él
son las llaves de su puerto,
si tiene puertos un mar
que es todo golfos y estrechos.
Pero no son tan piadosos,
aunque sí lo son, pues vemos
que visten rayos de luto
por cuantas vidas han muerto.

Luis de Góngora

Romance de la luna, luna

La luna vino a la fragua
Con su polisón de nardos.
El niño la mira, mira.
El niño la está mirando.

En el aire conmovido
mueve la luna sus brazos
y enseña, lúbrica y pura,
sus senos de duro estaño.

Huye luna, luna, luna.
Si vinieran los gitanos,
habrían con tu corazón
collares y anillos blancos.

Niño, déjame que baile.
Cuando vengan los gitanos,
te encontrarán sobre el yunque
con los ojillos cerrados.

Huye luna, luna, luna,
que ya siento sus caballos.
-Niño, déjame, no pises
mi blancor almidonado.

El jinete se acercaba
tocando el tambor del llano.
Dentro de la fragua el niño
tiene los ojos cerrados.

Por el olivar venían,
bronce y sueño, los gitanos.
Las cabezas levantadas
y los ojos entornados.

Cómo canta la zumaya,
¡ay, como canta en el árbol!
por el cielo va la luna
con un niño de la mano.

Dentro de la fragua lloran,
dando gritos, los gitanos.
El aire la vela, vela.
El aire la está velando.

Anónimo

Yo no volveré

Yo no volveré
Yo no volveré. Y la noche
tibia, serena y callada,
dormirá el mundo, a los rayos
de su luna solitaria.
Mi cuerpo no estará allí,
y por la abierta ventana
entrará una brisa fresca,
preguntando por mi alma.
No sé si habrá quien me aguarde
de mi doble ausencia larga,
o quien bese mi recuerdo,
entre caricias y lágrimas.
Pero habrá estrellas y flores
y suspiros y esperanzas,
y amor en las avenidas,
a la sombra de las ramas.
Y sonará ese piano
como en esta noche plácida,
y no tendrá quien lo escuche
pensativo, en mi ventana.

Anónimo

Mirar tus labios me apasiona

Mirar tus labios me apasiona
Y llena mi mente de sabor
Me imaginó la calidez de tu aliento
Abrazando mi corazón,

Mirar tus labios me apasiona
Y llena mi mente de sabor
Me imaginó la calidez de tu aliento
Abrazando mi corazón,

Que miedo decirte que me enloqueces,
Y no poder ver jamás tu corazón,
Esto del amor escondido,
Prefiero esconderme y no mirar jamás a mi amor.

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