Soneto

¿Qué es un soneto?

Un soneto es una composición poética de catorce versos, por lo general de rima consonante, que se distribuyen en dos cuartetos y dos tercetos. La palabra, como tal, proviene del italiano sonetto, y este deriva del latín sonus, que significa ‘sonido’.

El soneto apareció en Italia en el siglo XIII, donde fue cultivado por Giacomo da Lentini, a quien se le atribuye la creación de este tipo de composición, y posteriormente se extendió al resto de Europa y al mundo.

En Italia fue cultivado por maestros de la literatura como Dante Alighieri o Petrarca. En nuestra lengua, el primero de sus cultores de ellos fue el Marqués de Santillana, alias de Íñigo López de Mendoza, pero también por Lope de Vega, Luis de Góngora, Francisco de Quevedo, Calderón de la Barca y sor Juana Inés de la Cruz.

En tiempos más recientes, también hubo escritores que utilizaron el soneto y lo renovaron o alteraron, como Rubén Darío, que usó versos alejandrinos en sus poemas, o Pablo Neruda, que escribió sonetos sin rima.

Estructura del soneto

El soneto se divide en cuatro estrofas: los primeros ocho versos en dos cuartetos y los últimos seis en dos tercetos. La rima de los cuartetos puede ser ABBA-ABBA o ABAB-ABAB. La rima de los tercetos puede varía aún más, pero las combinaciones más comunes son CDC-DCD y CDE-CDE.

En el soneto clásico generalmente el tema se enuncia en los cuartetos y la solución aparece en los tercetos.

Sonetos cortos

Dulce soñar y dulce congojarme

Dulce soñar y dulce congojarme,
cuando estaba soñando que soñaba;
dulce gozar con lo que me engañaba,
si un poco más durara el engañarme
dulce no estar en mí, que figurarme
podía cuanto bien yo deseaba;
dulce placer, aunque me importunaba
que alguna vez llegaba a despertarme:
¡oh sueño, cuánto más leve y sabroso
me fueras si vinieras tan pesado
que asentaras en mí con más reposo!
Durmiendo, en fin, fui bienaventurado,
y es justo en la mentira ser dichoso
quien siempre en la verdad fue desdichado.

Juan Boscán

Feliciano me adora y le aborrezco

Feliciano me adora y le aborrezco;
Lizardo me aborrece y yo le adoro;
Por quien no me apetece ingrato, lloro,
Y al que me llora tierno, no apetezco.
A quien más me desdora, el alma ofrezco;
A quien me ofrece víctimas, desdoro;
Desprecio al que enriquece mi decoro,
Y al que le hace desprecios enriquezco.
Si con mi ofensa al uno reconvengo;
Me reconviene el otro a mí ofendido;
Y a padecer de todos modos vengo;
Pues ambos atormentan mi sentido:
Aquéste con pedir lo que no tengo;
Y aquél con no tener lo que le pido.

Sor Juana Inés de la Cruz

Soneto de amor

Soneto herido

La lluvia en el cristal de la ventana,
el aire de una plaza compartida,
el pañuelo de sombras de la vida,
la noche de Madrid y su mañana,
el amor, la ilusión del porvenir,
el dolor, la verdad de lo perdido,
la constancia de un sueño decidido,
la humana libertad de decidir,
la prisa, la política, el mercado,
las noticias, la voz, el indiscreto
deseo de saber lo silenciado,
el rumor, las mentiras y el secreto,
todo lo que la muerte os ha quitado
quisiera devolverlo en un soneto.

Luis García Montero

Dama

Esta dama sincara ni camisa,
alta de cuello, suave de cintura,
tiene todo el temblor de la hermosura
que el tiempo oculta y el amor desliza.
Esta dama que viene de la brisa
y el rango lleva de su propia altura,
tiene ese no sé qué de la ternura
de una dama sin fin, bella y precisa.
Aunque esta dama nunca duerma en cama
parece dama sin que sea dama
y domina desnuda el mundo entero.
Esta dama perdona y no perdona.
Y para eso luce una corona
esta dama que reina en el tablero.

Miguel Arteche

Cien Sonetos de amor – Soneto V

No te toque la noche ni el aire ni la aurora,
sólo la tierra, la virtud de los racimos,
las manzanas que crecen oyendo el agua pura,
el barro y las resinas de tu país fragante.
Desde Quinchamalí donde hicieron tus ojos
hasta tus pies creados para mí en la Frontera
eres la greda oscura que conozco:
en tus caderas toco de nuevo todo el trigo.
Tal vez tú no sabías, araucana,
que cuando antes de amarte me olvidé de tus besos
mi corazón quedó recordando tu boca,
y fui como un herido por las calles
hasta que comprendí que había encontrado,
amor, mi territorio de besos y volcanes.

Pablo Neruda

Sonetos famosos

A una nariz

Érase un hombre a una nariz pegado.
érase una nariz superlativa,
érase una nariz sayón y escriba,
érase un peje espada muy barbado.
Era un reloj de sol mal encarado,
érase una alquitara pensativa,
érase un elefante bocarriba,
era Ovidio Nasón más narizado.
Érase un espolón de una galera,
érase una pirámide de Egito:
las doce tribus de narices era.
Érase un naricísimo infinito,
muchísimo nariz, nariz tan fiera,
que en la cara de Anás fuera delito.

Francisco de Quevedo

Amor constante más allá de la muerte

Cerrar podrá mis ojos la postrera
Sombra que me llevare el blanco día,
Y podrá desatar esta alma mía
Hora, a su afán ansioso lisonjera;
Mas no de esotra parte en la ribera
Dejará la memoria, en donde ardía:
Nadar sabe mi llama el agua fría,
Y perder el respeto a ley severa.
Alma, a quien todo un Dios prisión ha sido,
Venas, que humor a tanto fuego han dado,
Médulas, que han gloriosamente ardido,
Su cuerpo dejará, no su cuidado;
Serán ceniza, mas tendrá sentido;
Polvo serán, mas polvo enamorado.

Francisco de Quevedo

Un soneto me manda hacer Violante

Un soneto me manda hacer Violante
que en mi vida me he visto en tanto aprieto;
catorce versos dicen que es soneto;
burla burlando van los tres delante.
Yo pensé que no hallara consonante,
y estoy a la mitad de otro cuarteto;
mas si me veo en el primer terceto,
no hay cosa en los cuartetos que me espante.
Por el primer terceto voy entrando,
y parece que entré con pie derecho,
pues fin con este verso le voy dando.
Ya estoy en el segundo, y aun sospecho
que voy los trece versos acabando;
contad si son catorce, y está hecho.

Lope de Vega

Sonetos de amistad

Al mejor amigo del hombre

Y dicen que sólo le falta hablar.
Si con su limpia y profunda mirada
me muestra mucho más que una palabra
aunque algunos no sepan descifrar.
Jamás encontraré más fiel amigo
que en los peores momentos arrime
su cuerpo a mi alma abatida y anime
dándome el calor del mejor abrigo.
Vivaracho, revoltoso y valiente,
secreto confidente hasta mi entierro.
Tanta bondad y amor resulta hiriente.
A su sincera amistad yo me aferro
porque, cuanto más conozco a la gente
más agradecido estoy a mi perro.

Anónimo

Destino

Por qué seguir los pasos del destino?
llameantes piedras delante me arroja
colmando senderos de lava roja
ignorando la línea de mi sino.
Solitario surcaré mi camino
siguiendo la ruta yo mismo escoja
hasta encontrar algún brazo me acoja
en el final de un viaje cansino.
Atrás quedará mi banal memoria.
Serán los nobles y bellos momentos
quienes guíen las riendas de victoria
Construiré con el más fuerte cimiento
el mayor y ancho muro de la historia
y no volver, hasta mi último aliento.

Anónimo

Soneto a la amistad

Viento sutil de perfumado aroma
a la flor de amistad que abriste un día,
Un fulgor de hechicera simpatía:
así te ve “tu amigo”, mi paloma:
Quien entiende una pena, o una broma.
Quien suaviza un dolor con su alegría.
Quien saber ser, un poco cada día,
soporte para aquel que se desploma.
Has ampliado un poco mi universo,
Pues sólo porque “nos sabemos una”,
Puedo cantar, reír, llorar contigo.
Con el pobre homenaje de estos versos
hoy quiero agradecerte la fortuna
de dejarme decir que soy tu amigo.

José Luis Bermejo