Prosa

¿Qué es una prosa poética?

La prosa es la forma del lenguaje oral o escrito que no se encuentra sometida a las leyes de la versificación, es decir ritmo, métrica, medida. Sin embargo, desde el punto de vista literario, el cuidado de la organización sintáctica, la búsqueda de una cadencia a través de las pausas y una equilibrada distribución de los acentos hacen que la prosa alcance uno de los objetivos aún vigentes de la retórica: persuadir a través del deleite en el uso de las palabras y, deleitando, comunicar más eficazmente ideas, imágenes y sentimientos.

La prosa poética es el segundo tipo de obras líricas que existen, y se distingue del poema precisamente por estar escrita en prosa. 

Tipos de prosas

Los cuatro tipos de prosa que la retórica considera son:

La descripción

Se presentan objetos, personas, lugares, sentimientos, utilizando los detalles concretos. La descripción pone en evidencia la percepción que tiene el autor a través de sus cinco sentidos.

Se puede encontrar en una autobiografía, una crónica, una definición, un reglamento, una ley, una fábula, un cuento, un decálogo, entre otros.

La narración

Es una prosa que presenta una historia, expone un suceso o una serie de hechos. Se encuentra en un monólogo, un diario, una carta, una crónica, una declaración, un cuento, una fábula, un proverbio, etc.

La exposición

Es una prosa que presenta y explica ideas, sujetos y argumentos, aclara los fines y muestra la organización.  Se encuentran mayormente en una nota, un resumen, una definición, un proverbio, un editorial, un ensayo, un comentario, etc.

La argumentación

Es una prosa que presenta hechos, razonamientos, problemas, de acuerdo a una opinión. Se puede encontrar en una editorial, un ensayo o un comentario.

Ejemplos de prosas poéticas

Prosas cortas

Platero y yo

Platero

Platero es pequeño, peludo, suave; tan blando por fuera, que se diría todo de algodón, que no lleva huesos. Sólo los espejos de azabache de sus ojos son duros cual dos escarabajos de cristal negro.

Lo dejo suelto y se va al prado, y acaricia tibiamente con su hocico, rozándolas apenas, las florecillas rosas, celestes y gualdas… Lo llamo dulcemente: “¿Platero?”, y viene a mí con un trotecillo alegre que parece que se ríe, en no sé qué cascabeleo ideal…

Come cuanto le doy. Le gustan las naranjas mandarinas, las uvas moscateles, todas de ámbar; los higos morados, con su cristalina gotita de miel…

Juan Ramón Jiménez